La crisis de Veracruz
Hace algunas ediciones escribí acerca de lo que considero es
“el arte de la política”, y el tema lo relacionaba directamente con el Pacto
por México; esto viene a colación por
los sucesos recientes, cuando los representantes del PAN decidieron abstenerse
de participar en los eventos del Pacto hasta que se diera respuesta a las
acusaciones que ellos mismos habían “documentado”, en relación con el uso
ilegal de los recursos de los programas de la Secretaria de Desarrollo Social
del gobierno federal en el estado de Veracruz, particularmente en el municipio
de Boca del Río, para apoyar a los candidatos del PRI.
Para algunos era inminente la ruptura política entre los
partidos y con ello el final del Pacto -se puede decir que hasta lo celebraban. Pero, créanmelo,
la permanencia de esta alianza es de la mayor importancia para lograr la
transformación que necesita nuestro país.
Afortunadamente no fue así, la
crisis de Veracruz solo duró unas horas y la política triunfo nuevamente.
El presidente Enrique Peña realizó algunos pronunciamientos
relacionados directamente con la postura de Acción Nacional, pero finalmente
actúo con gran sensibilidad al suspender los eventos del Pacto y convocar, por
conducto de la Secretaría de Gobernación, a los dirigentes de los partidos
políticos con el fin de tomar los acuerdos necesarios para resolver el
conflicto y mantener a salvo el Pacto por México, lo que sucedió unas pocas
horas después del llamado que hiciera el
presidente.
La razón del desencuentro: grabaciones de dudoso origen
presentadas por el PAN en donde, supuestamente, diversos funcionarios estatales
y federales se ponían de acuerdo para utilizar los programas de desarrollo
social en favor del PRI. Y la respuesta,
documentos presentados por el PRI en los que, se dice, estaban las pruebas de
que el PAN había utilizado los mismos programas en las elecciones recientes
para obtener votos.
En el fondo están las
prácticas de todos los partidos políticos para obtener la simpatía
popular por medio de lo que parece más sencillo: la entrega de apoyos de
cualquier tipo en momentos electorales.
Me parece que es legal y legítimo que un partido político
haga campaña sustentándose en los logros de sus gobiernos, esa es la mejor
calificación y está a la vista de todos, por lo mismo, estimo innecesario
recurrir a la práctica vulgar de la compra del voto.
Celebro el acuerdo que se tomó en la Secretaría de
Gobernación, conjuntamente con los presidentes de los partidos políticos, de
“blindar los recursos de los programas sociales para que no sean utilizados con
fines electorales”. Al suscribir este acuerdo, los partidos ahí representados
dan un gran paso en favor de la dignificación de la política, y sobre todo, en
favor de la dignidad, respeto y consideración que merece la ciudadanía y toda
la población de México.
Les comparto algunas reflexiones sobre el Pacto, y los procesos electorales. Artículo publicado en Metrópolis.
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