La política
Los dichos y acontecimientos recientes
en las campañas político- electorales, me hicieron recordar una conversación
que vi y escuché en el primer capítulo de la serie “El Encanto del Águila”. Dice
Francisco I. Madero: “La política necesita dignificarse con ética y con
principios.” Y contesta quien en ese entonces fungía como Secretario de Hacienda,
José Yves Limantour: “La política necesita de la política.” Conclusión, la
política, según este personaje, tiene sus propias reglas. Por cierto, no
escritas y mucho menos precisas.
Y esto viene al caso porque me
llama la atención (aunque no me causa sorpresa) que nuevamente, como en
ocasiones anteriores, Andrés Manuel López Obrador haga alusión al fraude
electoral cuando faltan algunos días para la elección, y cuando él mismo dice
que tendrá representantes en todas las casillas electorales. Descalifica así al
IFE y a todos los consejeros del Consejo General. Luego, las instituciones, las
leyes, la estrecha vigilancia y observación de muchos sectores de la población
no significan nada para él, cuando (hay que decirlo) empieza saborear la
derrota.
El régimen electoral establecido
no le favorece, por eso está buscando lo que se podría llamar una salida
política, no legal, no social, no digna, no ética, sino política. Por eso
fueron muy insistentes en el tema los periodistas que platicaron con AMLO, en
el programa Tercer Grado. De muchas formas le hicieron la pregunta de si
aceptaría el resultado de la elección y siempre, en ocasiones con cierta gracia
y otras tantas da manera burda, evadió una respuesta clara, lo que para el buen
entendedor significa que no, no respetará los resultados del día 1 de julio,
porque estos, de acuerdo a los sondeos de opinión, no le serán favorables.
Y así veremos que una vez más se
llenará de lodo a la política, tratando por la vía de la protesta, de las
manifestaciones, de las provocaciones, de revertir un resultado que, en mi
opinión, el aceptó de facto al registrarse como candidato de dos partidos políticos ante el IFE, ese mismo
IFE que desde ahora ya descalifica. Si no estaba de acuerdo con las reglas
establecidas, ¿Por qué se inscribió? ¿Por qué reconoce y legitima un proceso
con su actuación? ¿Por qué se sujetó a las reglas? ¿Y por qué en esta ocasión sí asistió a los debates
(a diferencia de seis años atrás)?
La respuestas a todas estas
preguntas nos las dio el Sr. Limantour hace más de un siglo, la política
necesita de la política ¡Al diablo las instituciones!
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