martes, 3 de julio de 2012


La política
Los dichos y acontecimientos recientes en las campañas político- electorales, me hicieron recordar una conversación que vi y escuché en el primer capítulo de la serie “El Encanto del Águila”. Dice Francisco I. Madero: “La política necesita dignificarse con ética y con principios.” Y  contesta quien  en ese entonces fungía como Secretario de Hacienda, José Yves Limantour: “La política necesita de la política.” Conclusión, la política, según este personaje, tiene sus propias reglas. Por cierto, no escritas y mucho menos precisas.
Y esto viene al caso porque me llama la atención (aunque no me causa sorpresa) que nuevamente, como en ocasiones anteriores, Andrés Manuel López Obrador haga alusión al fraude electoral cuando faltan algunos días para la elección, y cuando él mismo dice que tendrá representantes en todas las casillas electorales. Descalifica así al IFE y a todos los consejeros del Consejo General. Luego, las instituciones, las leyes, la estrecha vigilancia y observación de muchos sectores de la población no significan nada para él, cuando (hay que decirlo) empieza saborear la derrota.
El régimen electoral establecido no le favorece, por eso está buscando lo que se podría llamar una salida política, no legal, no social, no digna, no ética, sino política. Por eso fueron muy insistentes en el tema los periodistas que platicaron con AMLO, en el programa Tercer Grado. De muchas formas le hicieron la pregunta de si aceptaría el resultado de la elección y siempre, en ocasiones con cierta gracia y otras tantas da manera burda, evadió una respuesta clara, lo que para el buen entendedor significa que no, no respetará los resultados del día 1 de julio, porque estos, de acuerdo a los sondeos de opinión, no le serán favorables.
Y así veremos que una vez más se llenará de lodo a la política, tratando por la vía de la protesta, de las manifestaciones, de las provocaciones, de revertir un resultado que, en mi opinión, el aceptó de facto al registrarse como candidato  de dos partidos políticos ante el IFE, ese mismo IFE que desde ahora ya descalifica. Si no estaba de acuerdo con las reglas establecidas, ¿Por qué se inscribió? ¿Por qué reconoce y legitima un proceso con su actuación? ¿Por qué se sujetó a las reglas?  ¿Y por qué en esta ocasión sí asistió a los debates (a diferencia de seis años atrás)?
La respuestas a todas estas preguntas nos las dio el Sr. Limantour hace más de un siglo, la política necesita de la política ¡Al diablo las instituciones!



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