martes, 26 de abril de 2011


¿Por qué son ineficientes las administraciones municipales?    1
Quiero aprovechar esta primera oportunidad de colaborar con Metrópolis, para agradecerle a su Director General el espacio para compartir con sus muchos lectores mi opinión sobre temas importantes de gobierno, administración pública, sociales, y políticos.
Deseo también presentarme con todos ustedes. Soy Contador Público de profesión, estudié en la Escuela Bancaria y Comercial y he dedicado toda mi vida profesional a trabajar en el servicio público. En dos ocasiones he colaborado en el gobierno de nuestro municipio, Atizapán de Zaragoza, de donde soy originario y donde vivo. Tuve la oportunidad de hacer un posgrado en Política Gubernamental en el Instituto Nacional de Administración Pública y actualmente estudio la carrera de Derecho en la Facultad de Derecho de la UNAM. Con estos antecedentes es que me atrevo a tratar aquellos temas que, me parece, merecen especial reflexión porque nos conciernen a todos.
En mis primeras seis columnas analizaré desde varias perspectivas por qué son ineficientes las administraciones municipales. En esta primera entrega, atenderé lo que se refiere a la organización o estructura administrativa municipal.
Pocas veces he observado que de una administración a otra se modifique notoriamente la integración de sus dependencias. Si bien es cierto que existen algunas dependencias básicas previstas en la Ley Orgánica Municipal, como la Secretaria del Ayuntamiento, la Tesorería o la Contraloría Interna, cuyas funciones están claramente definidas, no existe ningún impedimento para modificar su organización interna y sobre todo, para valorar la conveniencia de que otras direcciones, además de las básicas, se creen, permanezcan o desaparezcan.
Ha sido una práctica política reiterada que para señalar la importancia de un asunto social o político se cree una dependencia específica, y así han ido creciendo las administraciones municipales hasta ser los grandes aparatos que hoy conocemos.
En este respecto, hay dos cuestiones que me generan inquietud: 1) el “tramo de control”, es decir, la cantidad de direcciones que debe atender el presidente municipal. 2) El costo que, sólo en sueldos, representa cada dependencia.
Sí, es necesario tener un programa de trabajo para cada asunto relevante, pero no necesariamente una dependencia nueva que muchas veces no cuenta con los recursos necesarios ni con la atención del presidente municipal, ambos imprescindibles para su buen funcionamiento. 

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